el aburrimiento

¿La sensación menos poética?

El aburrimiento, el tedio es de las sensaciones menos poéticas que existen, pues supone falta de pasión por lo que está sucediendo e incluso ganas de que pase el tiempo deprisa, que se puede ver como querer acercarse a la muerte más rápido («Aburrirse es besar a la muerte», decía Ramón Gómez de la Serna en una greguería).

Gertrudis Gómez de Avellaneda lo definió bien:

Un mal terrible, sin remedio,
que hace odiosa la vida, odioso el mundo,
que seca el corazón…, ¡en fin, es tedio!

Si se habla de aburrimiento, no queda más remedio que mencionar el poema «El aburrimiento» de Rafael Alberti. Pese a estar escrito en clave de humor, es hasta aburrido de leer. Empieza así:

Me aburro.
Me aburro.
Me aburro.
¡Cómo en Roma me aburro!
Más que nunca me aburro.
Estoy muy aburrido.
¡Qué aburrido estoy!
Quiero decir de todas las maneras
lo aburrido que estoy.
Todos ven en mi cara mi gran aburrimiento.

Luego pisa una caca y se pega el suelo y se da cuenta de que aún podía estar más aburrido.

Otro de los poemas más icónicos sobre el aburrimiento, relacionado con una clase del colegio (momento aburrido por excelencia), es el de «Recuerdo infantil» de Antonio Machado—, que empieza y termina de esta manera:

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

Lo peor de todo es cuando el aburrimiento no se limita a una situación concreta, como una clase, sino que abarca el día a día, el aburrimiento existencial o vital, como expresa el propio Machado en su poema «Hastío»:

Dice la monotonía
del agua clara al caer:
un día es como otro día;
hoy es lo mismo que ayer.

Otro experto en el hastío existencial es Ángel González. Reflejó bien el que sintió él en «mil novecientos cincuenta y cuatro» con estos versos:

Un hombre con un año para nada
delante de su hastío para todo.

Este se combate descubriendo que es imposible que haya dos días iguales, como bien expresa Amanda Plaza en su poema «Descubrí un puente»:

Aunque todos los días recorro el mismo trayecto, desde el tren
el paisaje nunca parece el mismo. Nunca levanto la cabeza
en el mismo lomo de vegetación. Nunca el verde de sus verdes vértebras
descansa sobre el mismo tono

En ese poema se menciona un río bajo un puente, que es una manera distinta de ver un puente sobre el agua.

También sabía de esto Pedro Salinas, que en «Pasmo de lo distinto» escribe:

¡Qué gozo, que no sean
nunca iguales las cosas,
que son las mismas! Toda,
toda la vida es única.

Pero, aunque se sienta aburrimiento, se puede aprovechar. Ya Antonio Machado, en su curioso poema «Las moscas», lo utilizaba para empezar a soñar:

¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!

Y el propio Ángel González lo usa como justificación de que se escriban poemas en «Contra-orden. (Poética por la que me pronuncio ciertos días)», que empieza «Esto es un poema. / Aquí está permitido/ fijar carteles» y termina

Responsable la tarde que no acaba,
el tedio de este día,
la indeformable estolidez del tiempo.

Como se ve, lo bueno de la poesía es que puede sacar provecho hasta de lo menos poético. ¿Qué os parece a vosotros el aburrimiento? ¿Proponéis otros versos que lo traten?

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