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soy un fue, y un será, y un es cansado – Maresía

soy un fue, y un será, y un es cansado

Francisco de Quevedo

Alucinante endecasílabo perteneciente al soneto «¡Ah de la vida!… ¿Nadie me responde?» de Quevedo:

¡Ah de la vida!… ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni a dónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.

Si todo el poema habla del paso del tiempo y de la sensación de que todo se pone en contra para recordarlo («no hay calamidad que no me ronde»), este verso condensa en solo 11 sílabas ese rápido tránsito que es la vida.

Y lo hace reduciendo a la persona a verbos, a palabras con tiempo, en las que todo pasa como una centella; las propias formas verbales, muy breves, dan cuenta de ello.

Además, se refleja perfectamente la rapidez del pasado y el futuro, frente al presente, con la longitud de «un es cansado» (afecte cansado solo a es o a los otros dos verbos) frente a «un fue» y «un será», lo que calca en proporción los versos anteriores: «Ayer se fue; mañana no ha llegado; / hoy se está yendo sin parar un punto». El hoy es paradójicamente más largo que el pasado y el futuro, en lo que recuerda al «¡Qué largos son los días y qué cortos son los años!» de José Ángel Buesa. Sobre todo cuando se acerca el final, cuando la salud y la edad ya se han huido. Esa pesadez se marca también con la repetición de la conjunción y en el verso (polisíndeton).

Excelente verso que resume todo un poema en el que se refleja la prolongada agonía en un presente fugaz. Aunque los pañales y la mortaja están casi pegados (como se dice al final del soneto), caben muchas «presentes sucesiones de difunto» (ser «un muerto en serie», como digo yo en un poema).

Se ve la fuerza del verso si se compara con otro del propio Quevedo, aunque más flojo, como «hoy pasa, y es, y fue, con movimiento» (del soneto que empieza «¡Fue sueño ayer; mañana será tierra!»).

Juan Romeu

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