Esto / no / es / un / poema

Me topé hace tiempo en X con otra de esas múltiples situaciones en las que, ante un poemilla muy retuiteado (más de 5000 veces), muchos usuarios lo atacaban diciendo, por ejemplo,
 
que pongas
el texto así
no lo vuelve
poesía
 
con la clásica crítica a quienes creen que darle al énter es escribir poesía, o haciendo poemas paródicos que a mí, personalmente, me suelen hacer bastante gracia (ya cité el famoso de «Almendras» en el prólogo de Poesía bonita y que se entiende), como este:
 
el chocho es como un melocotón
el chocho es como un melocotón
por fuera pelusón
por dentro
jugosón
 
El criticado poemilla es este:
 
No te cuides de mí
siempre soy yo
la que termina
con el corazón
roto
 
Algo similar ocurrió, aunque a un nivel más elevado, en enero de 2024 con un poema del bastante aclamado Juan F. Rivero:
 
Enero. Sueño
el brillo sin mentira de la yerba
 
Una contestó:
 
Esto
no es
un
poema
 
A lo que Rivero replicó:
 
Hola, X. Me parece muy bien que no te guste —estás en todo tu derecho—, pero si lo que insinúas es que no es un poema porque no tiene estructura métrica, es un dístico blanco compuesto por un pentasílabo y un endecasílabo heroico.
 
Recibiendo esta respuesta:
 
No, de hecho no me disgusta. Pero sí pienso que la poesía debe ser más elaborada. Es una opinión personal. «Agárrense con fuerza al pasamanos» es un endecasílabo y no por eso es poesía. Aunque supongo que como en todo eso también se podría debatir.
 
Creo que hay mucha confusión con la poesía y eso no me importaría si no contribuyera a dar una mala imagen de ella. Ni la métrica implica que algo es poesía (diría que, salvo en grandes artistas y profesionales, es al revés) ni el verso libre implica falta de poesía. De hecho, creo que vivimos en un momento en el que lo que pega es precisamente el verso libre, igual que en su momento pegaban los sonetos. Pero hoy estos últimos, sin ir más lejos (incluso los de los mejores, como Rodrigo Olay), son cuando menos sospechosos.
 
La proliferación de poemillas como el del principio agrava la ya pésima opinión que tiene la gente hacia la poesía, en gran parte motivada por lo mal que se enseña . Es completamente comprensible que la gente se chotee de esos poemillas, pero también de jaikus que se venden como obras de arte sin aportar absolutamente nada (frente a los de Basho). Eso sin contar los bochornosos listados de ventas de poemarios en los que se mezcla poesía de verdad con recopilaciones de frasecillas de un famosillo que no debe ganar suficiente con su fama o de un espabilao que maneja bien los algoritmos de las redes y, lo que es peor, encuentra una editorial «seria» que lo ampara.
 
Y es que la gente cree que porque un poema se pueda escribir en minutos lo puede escribir cualquiera. No es tan fácil ponerse a escribir una novela o a rodar una película (aunque también hay gente inadecuada con tiempo y subvención que lo hace, y más ahora con la IA). Pero no, por muy simple que pueda parecer un buen poema en verso libre, requiere una técnica detrás y sobre todo mucha sensibilidad poética, algo que hoy escasea en la época de nuestra literatura en la que paradójicamente más poetas parece haber. De hecho, lo difícil es escribir algo bueno de manera simple. Ahí es cuando se toca la cima de la poesía: cuando se superan los artificios y se es capaz de transmitir de manera sencilla lo que otros solo pudieron alcanzar con ritmos, rimas y rígidas medidas.
 
La cosa se resolvería bastante con buenos críticos de poesía, pero de eso ya hablaré en otra ocasión.
 
Juan Romeu
 

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